Representantes de varias religiones debaten sobre el diálogo interreligioso en el Foro de Córdoba

La segunda sesión del I Foro de Córdoba organizado por la Fundación FICRT estuvo dedicado a subrayar los puntos comunes que unen a las principales religiones y contó con tres ponentes que ahondaron en estas cuestiones desde el punto de vista del Islam, el cristianismo y el budismo. El doctor Francisco Javier Fernández Vallina, profesor de Estudios Hebreos y Arameos de la Universidad Complutense de Madrid, fue el encargado de moderar esta sesión.

El primero de los ponentes de esta segunda sesión fue el doctor Emilio González Ferrín, profesor de Islamología y Estudios Árabes en la Universidad de Sevilla. El doctor González Ferrín explicó los diferentes modelos de interpretación que existen en la islamología contemporánea y se decantó por el tercero: el método histórico-crítico, que lleva a cabo una lectura científica coherente del texto coránico y la literatura de las ciencias islámicas.

El ponente hizo una distinción entre la religión del islam (que debe escribirse con minúscula), la civilización del Islam (con mayúsculas) y las sociedades musulmanas contemporáneas. Las tres coinciden en la ética de liberación de los pueblos.

“La cultura del Islam fue la civilización de guardia en la conservación de las artes, las letras y las ciencias entre los siglos VIII y XV”, aseveró.

También rechazó el estereotipo de la conquista islámica, que ha sido muy perniciosa para la percepción del Islam a lo largo de la Historia: “el mito fundacional establece que el cristianismo se expande por medio de los viajes de los apóstoles; el judaísmo, por medio de la diáspora; y el Islam, por la fuerza de las armas. Pero la realidad es que las tres se expandieron por igual, sobre la base de la aceptación generalizada en base a unas lecturas”.

Por su parte, el padre Juan Buades Fuster, licenciado en Derecho y Teología, destinado en el Servicio Jesuita a Migrantes, ha explicado la experiencia de la familia abrahámica durante su vida pastoral y social.

El padre Buades ha comenzado su ponencia citando las palabras del apóstol san Pablo en su carta a los gálatas, con las que distingue la la filiación carnal y espiritual de Abraham: “Hijos de Abraham son los que viven de la fe”.

Para el ponente, existe un segundo sentido a la familiaridad abrahámica, en la medida en que las tres religiones, Islam, judaísmo y cristianismo comparten las mismas referencias, más o menos amplias, en los textos sagrados.

Entre las muchas anécdotas que relató, relativas a su periodo de formación en la lengua árabe y en el Islam, destaca la diferente aproximación que tenían hacia él, el único católico en las clases a las que asistió en la Mezquita Central de Madrid: los españoles conversos se reafirmaban en el contraste de lo que habían dejado atrás, mientras que los musulmanes de cuna demostraban su curiosidad y aprovechaban para preguntarle dudas sobre algún dogma cristiano.

El tercer ponente de la sesión fue el venerable Kutsab Jamyang Dorje, maestro espiritual y regente de la comunidad religiosa Sakya Tashi Ling. El ponente confesó sentirse “privilegiado” al haber sido invitado a este foro y señaló que “estoy convencido de la importancia del diálogo entre las religiones, y la Fundación FICRT ha mostrado un encaje muy innovador y disruptivo con esta aproximación al diálogo interreligioso”.

Kutsab Jamyang Dorje explicó su trayectoria personal y su conversión al budismo, a los 14 años de edad, a pesar de lo cual no ha renegado de los principios y valores del cristianismo, que conoció durante sus primeros 14 años, y que son universales”.

El ponente señaló que, la desdicha y las contrariedades de la vida son comunes a todos, más allá de los hábitos y costumbres particulares: “la sociedad está cambiando, el acceso a las fuentes de espiritualidad requiere de adaptaciones, con una acción, un espacio y un lenguaje comunes, para no repetir los lamentables episodios de la Historia a los que nos han conducido la tozudez y estupidez humanas”.

Según Dorje, “la renuncia y el compromiso de paz, de respeto, de valores que conocemos e integramos, requiere también de una transformación social, que pasa también por una transformación individual, que es responsabilidad de cada uno”.